Ante el Trono de Gloria

miércoles, 29 de abril de 2015

Esparzamos los mejores aromas, el mejor perfume, para recibir al Señor

Cada quién tiene su debilidad, chismear tal vez, criticar, juzgar, mentir, espíritus de queja,  fornicación e inmundicia; el pecado se camufla tan bien que a veces no se nota, pero interfiere en la relación con el Padre. 

Efectivamente, hay pecados que no se pueden esconder, son tan notorios y del conocimiento público. Pero, algunos están por ahí como en el fenómeno de cripsis por lo cual el pecado pasa de manera inadvertida.

Y es necesario examinarnos con la ayuda del Espíritu Santo, reconocer y pedir perdón.
Sin semejante peso del pecado, y  una conciencia purificada, manifestemos  al Señor sentados a sus pies, lo agradecidos que estamos por la gracia inmerecida, y fluir con un corazón humilde y contrito.

Podemos notar,  que mujer era pecadora no lo era más, decidió dejar de pecar para seguir a Jesús el Señor.

Toda persona tiene la oportunidad por la fe en Jesucristo de tomar la decisión y colocarnos a los pies del único que nos puede dar perdón, paz y vida eterna.


La Palabra ilustra con la mujer pecadora, que llora  a los pies del Señor, ciertamente los estereotipos sociales, bloquean a los hombres  manifestar sus emociones, sentimientos y lágrimas libremente. Quizá, por ello tenemos a una mujer y no a un varón, derramando el frasco del perfume.



Sin embargo, es la hora en que los verdaderos adoradores, no importa si son mujeres u hombres adoren y empiecen a derramar, quebrar los frascos de perfume costoso, que están escondidos en lo más profundo del corazón, y se esparza en estos tiempos cercanos a la venida del Señor los mejores aromas que nunca se han derramado.

Por lo tanto. hombres o mujeres delante  a los pies del Señor Jesucristo,  quebremos  los frascos de los perfumes,  aromatizando los aires, y  los preciosos  aromas que brotan de los corazones se eleven y lleguen hasta el Trono de la gracia y la misericordia. Ante el Padre Jehová y el Hijo de Dios, nuestro amoroso Redentor.

 Que tan especiales aromas de corazones apasionados por el Señor, estemos impregnado diariamente la bienvenida a Jesucristo.

"... Y he aquí, había en la ciudad una mujer que era pecadora, y cuando se enteró de que Jesús estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume;
y poniéndose detrás de El a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume."
Lucas 7: 37-38


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